¿Cómo tratar la muerte con los niños?

Éste próximo domingo será 1 de noviembre. Aunque ahora la gente lo relacione con algo tan nuestro y tradicional como es Halloween. De toda la vida en España el primero de noviembre es festivo y es el día en el que se va al cementerio a recordar a los seres queridos, dejando flores en sus tumbas. Tal vez sea la única visita que se les haga en todo el año, pero la gente creé que así cumple el expediente.

Bien, tras esta opinión personal al trato de las tradiciones en este país, aprovecho la temática para tratar sobre la muerte. La muerte, es inevitable pero sin embargo, nunca sabemos con asumirla, es uno de los grandes tabúes que todavía sufre nuestra sociedad. Hablar de la muerte o, incluso, pensar en ello, nos genera angustia ya que es un hecho del que no podemos escapar. Debemos recordar que la muerte forma parte de la vida.

mort nensYa con treinta años, he vivido muchas muertes en mi entorno (no sé si esa sería la expresión más adecuada), pero todavía no sé cómo tratar la muerte, y tengo unos ejemplos para mostrarlo. Hará unos quince años murió el padre de un muy buen amigo mío, tras todos éstos años aún no sé de que murió exactamente. Pasó en Semana Santa y la gente estaba de vacaciones, en clase ninguno de sus compañeros nos acercamos a preguntar qué había pasado. Sabíamos que había muerto, pero no queríamos molestar preguntando esas cosas. Años más tarde murió el padre de otro amigo, aquí si que supe la causa, pero lo que me sorprendió fue que apenas lo comunicó a nadie más. Quiso pasar el proceso de duelo él solo, en el tanatorio descubrí que solamente éramos dos o tres amigos, el resto no se enteraron hasta años después. Para terminar, decir que hace casi dos años perdí a uno de mis tíos fruto de un cáncer fulminante, mi familia vive a más de 600 kilómetros, por lo que no pude ir al entierro y a día de hoy todavía no les he preguntado ni a mis primos ni a mi tía cómo están tras la perdida.

Parece ser que lo más fácil es dejarlo pasar, no hablar de ello y que el tiempo lo arreglará todo, pero esto no es ninguna solución. Debe afrontarse

Actualmente,gracias a los avances científicos, conocemos y controlamos muchas cosas sobre las que antes pensábamos que no teníamos poder: decidir cuándo tener un hijo, curar enfermedades antes incurables, saber qué le está pasando a una persona que está a tres mil kilómetros…También hemos conseguido vivir cada vez más años y reducir la mortalidad infantil.Escapar de la muerte, sin embargo, sigue estando fuera de nuestro control.Todas las culturas han especulado sobre qué pasa una vez dejamos de vivir, pero la ciencia nos puede ayudar más bien poco a quitarnos este miedo.

Vivimos en una sociedad que valora muchísimo la juventud, el bienestar, la salud y las alegrías, pero que tiende a ocultar la tristeza, la enfermedad y la muerte, creando hospitales donde morir y tanatorios donde velar a los muertos.Donde más presente está la muerte es en los medios de comunicación, pero siempre es tratado como tema de ficción o muy lejano, ajeno a nosotros.

nen-pensant-ombraTodo ello hace que tengamos con la muerte una relación menos cotidiana que años atrás, que dispongamos de menos rituales sociales para afrontarla, que la alejamos de nuestras conversaciones y, en definitiva, que no disponemos de palabras para hablar adecuadamente.No debemos olvidar, sin embargo, que la muerte aporta sentido a la vida: tener un tiempo limitado nos impulsa a organizar, disfrutar y aprovechar más cada momento.Si no muriéramos podríamos caer en la dejadez y el aburrimiento no dejando paso al cambio que traen las nuevas ideas.

Ahora bien, ¿cómo podemos educar para la muerte? Aparte de la angustia que nos produce este tema, educar para la muerte no es diferente que educar para el consumo, la autoestima, la salud u otros aspectos. Todas estas educaciones de valores responden a un mismo guión:

  • Los intereses que tienen los niños, las dudas y las capacidades de comprensión van cambiando a medida que se van haciendo mayores.
  • Los niños aprenden de lo que ven que hacemos los mayores, de nuestras actitudes, de lo que decimos y lo que no decimos en el transcurso de la vida cotidiana.
  • Hay muchos momentos y situaciones en que podemos educar sobre el tema de forma indirecta.Por ejemplo: al igual que saber esperar puede estar relacionado con la educación para el consumo, saber aceptar que “no todo puede durar siempre” está relacionado con la educación para la muerte.

Debemos tener claro, sin embargo, que ser educados para la muerte no nos soluciona el problema ni nos ahorra el dolor que una muerte cercana nos pueda causar, eso si, nos puede ayudar mucho a afrontarla, digerirla y superar la situación que provoca.

Auf Papas ArmBuscando por la red sobre este tema, he encontrado algunas actividades adecuadas para trabajar el tema de la muerte, todas ellas eran actividades dirigidas para que padres trataran la muerte con sus hijos y de esta manera ayudar a afrontar las preocupaciones por la muerte, a digerir el dolor que una muerte cercana supone ya reconstruir la vida después de una pérdida. Es durante esta época que los niños comienzan a ver esta realidad, pueden perder abuelos, mascotas …

Algunas de estas actividades son:

  • Ser positivo: saber tomar lo bueno de cada situación para salir adelante, aunque también haya de malas.A menudo las expectativas que teníamos no se cumplen o nos salen obstáculos que dificultan nuestros planes.Podemos desanimarnos completamente o, después de expresar la pena o la frustración, empezar a buscar las posibilidades de que la situación nos ofrece.
  • Aprender a terminar cosas, a disfrutar de las cosas buenas (un rato de juego, las vacaciones …) a pesar de saber que tienen un final y saber terminar bien.Tener conciencia de que las cosas tienen un inicio y un final nos motiva a aprovechar plenamente cada momento, además, cuando se ha terminado podemos recordar, podemos explicar y compartir con otros nuestras vivencias. A los más pequeños, para cerrar la actividad de un modo agradable, les podemos ayudar haciendo rituales de despedida tan sencillos como decir lo que más les ha gustado, mostrar un resultado o un aprendizaje, llevarse algo de recuerdo.Por otra parte, después, podemos transformar lo que hemos hecho en una historia compartida, para reír o para explicar a los demás, que algunas veces podrá tomar la forma de un dibujo, de un álbum de fotos.
  • Saber pedir ayuda.Aunque los padres están atentos a las necesidades de los hijos, no son ni clarividentes ni magos.Puede ocurrir que algo no la capten. Se les ha de traspasar la responsabilidad de pedir ayuda, pero no darles ayudas que no necesiten, limitando su autonomía.Para aprender a pedir ayuda necesitan haber tenido adultos dispuestos a ayudarlos, que los crean, que no les ridiculicen cuando manifiestan sus límites o sus miedos, y también adultos que los estimulen a responsabilizarse.Como en todo, en los inicios se les ha de guiar más: quizá hará falta que, ante un llanto, de un “no sé” o “no puedo”, en lugar de resolverles el problema, les animemos a precisar cuál es la ayuda que necesitan.Por ejemplo: “Va, ven cuéntamelo” o “Te ayudaré a buscar por donde empezar”.También los podemos preguntar: “¿Dónde te has atascado?” “¿Qué podría hacer para ayudarte?” Casi todo el mundo está dispuesto a dar ayudas concretas, y las personas que saben pedirlas las obtienen con facilidad.También son más hábiles para declinar aquellas que no necesitan.Si se muere alguien cercano, a estos niños, o personas, también les será más fácil buscar la ayuda que necesitan en cada momento, que pueden ser desde el consuelo y la comprensión hasta la distracción o el suplir algunas funciones concretas que hacía la persona difunta
  • Saber expresar las emociones, las dudas y las inquietudes por medio del lenguaje. Para poder hacerlo, los niños, necesitan unos padres atentos a las señales que manifiestan. Al igual que les enseñamos a tomar conciencia de que están pasando frío cuando empiezan a tener la piel de gallina o tener los labios morados, también podemos enseñarles a darse cuenta de cuándo empiezan a estar inquietos, a sentirse inseguros, a sentir rabia u otras emociones. Tomar conciencia les posibilita expresar, compartir, “domesticar” la emoción y, en ocasiones, buscar formas de actuar sobre el hecho de que la genera.
  • Tener sentido del humor. Gracias al humor somos capaces de representar nuestras dificultades como algo que podemos compartir con los demás generando alegría. Sin el humor muchas de las dificultades, pérdidas o situaciones dolorosas serían vividas como tragedias. Los niños aprenden muy rápido de sus padres esta habilidad para sacar el lado positivo de las pequeñas desgracias. El niño que cae al suelo la madre le cura las rodillas diciendo “¡menuda leche, tio!” i el niño, más tarde, enseña las rodillas peladas a sus amigos y representa con gran comicidad y orgullo como ha sido su caída.

Si deseáis más información, encontré esta guía: Explícame qué ha pasado. Guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños. Fundación Mario Losantos del Campo.

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7 comentarios en “¿Cómo tratar la muerte con los niños?

  1. Muy interesante las propuestas para los niños! Muchos padres tienden a evitar que enfrenten la realidad, y pierden una oportunidad valiosa para aprender algo realmente útil para su vida. Desde que mi hijo murió, muy pocas personas se han atrevido a preguntarme como estoy, como lo llevamos, qué pasó… Dejar de hablar de alguien que murió, es como hacerle morir dos veces. Recordar a nuestros seres queridos, y que los mencionen, es positivo para alguien en duelo. Gracias por tocar este tema, y enfocarlo tan bien 🙂

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    • Antes la muerte era algo mucho más cotidiano, ahora es algo que queremos ocultar.
      La pérdida de un hijo es algo muy duro, pero solamente aquellos que pasan por ello saben realmente lo que es. Tu blog hace que tomemos consciencia de ello.

      Gracias a ti por tus comentarios y por compartir con tus seguidores esta entrada, me alegro que te haga gustado

      Le gusta a 1 persona

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